martes, 11 de febrero de 2014

La Cruz del Castillo


La Cruz del Castillo

Hubo uun tiempo en que la Cruz del Castillo, nombre por el que siempre la conocimos los jiennenses, campeaba agreste entre las peñas del Cerro de Santa Catalina, señalando el punto más elevado de Jaén, ese que, dice la leyenda, marcó con la cruz de su espada un capitán de las huestes de San Fernando, o tal vez el mismísimo Rey Santo, para señalar que Jaén pasaba a manos cristianas un día de 1246 (lo del mes de noviembre es tan impreciso como legendario). Hoy, la Cruz sigue donde siempre estuvo, convertida en el mejor mirador de la ciudad que se rinde a sus pies. Desde ella se contempla de forma incomparable la Catedral que queremos convertir en parte del Patrimonio de la Humanidad. Desde la Cruz, la obra proyectada por Vandelvira parece que busca un diálogo imposible con el cielo y la historia, como si la una estuviera allí para que la otra la observara. Hoy, para ir a la Cruz ya hay un camino perfecto, defendido de peligros. La foto, lógicamente, es de ayer; de cuando para ir a ese encuentro casi mágico con la ciudad rendida había que sentir el vértigo de la indefensión entre las rocas. Cosas de ayer y de hoy, al fin y al cabo, para un diálogo que persiste a través de los siglos.

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